Presentación
Desde su creación en el año 1984, el Centro Cultural Generación del 27 de la Diputación de Málaga ha tenido como objetivo salvaguardar la memoria y el legado intelectual del amplio conjunto de creadores (escritores, artistas plásticos, músicos, científicos, humanistas, etc.) que conocemos como Generación del 27 mediante la recuperación de sus testimonios documentales: libros, manuscritos y borradores, revistas, diarios y epistolarios, material foto, vídeo y cinematográfico, y plástico y artístico… Toda documentación, en fin, que pueda permitir un estudio más profundo y un mejor conocimiento de aquella empresa cultural colectiva de singular trascendencia en la historia contemporánea de España. En este sentido, la Biblioteca se concibe como núcleo fundamental de la actividad del Centro, bien como generador o como destinatario final de una parte importante de la actividad que produce.
Para cumplir sus fines, este Centro tiene una cuádruple dimensión. Además de Centro de Documentación, actúa como Centro de Investigación y Formación mediante la concesión de becas a jóvenes investigadores; al tiempo es un Centro de Impulso y Difusión de la creación literaria contemporánea, mediante la organización de frecuentes actividades públicas: conferencias, lecturas, seminarios, exposiciones, etc. Y como consecuencia de las anteriores facetas, es también un Centro de Publicaciones, que edita, además de la revista semestral El Maquinista de la Generación, diversas colecciones especializadas: Estudios del 27, El cazador de nubes y El Castillo del Inglés (nacidas artesanalmente en la Imprenta Sur), la colección Facsímiles (que rescata valiosos documentos bibliográficos relativos a la Generación del 27) y las colecciones de cuadernos anexas a los sucesivos ciclos de lecturas poéticas (Máquina y poesía, Diversos, La obra en marcha o el actualmente vigente Palabras en la noche).
En el año 2002 el Centro instaló en su sede de calle Ollerías la maquinaria de la mítica Imprenta Sur, que fue así salvada del desguace y del abandono. En ella, Emilio Prados y Manuel Altolaguirre, con la ayuda de José María Hinojosa, publicaron la revista Litoral y sus suplementos, auténticas señas de identidad generacional para los jóvenes poetas del 27. La imprenta, que pasó a denominarse Dardo en la posguerra, fue el lugar que mantuvo esa tradición tipográfica malagueña durante décadas, gracias a la amorosa labor de sus propietarios, la familia de impresores Andrade, y de editores como Bernabé Fernández Canivell, Ángel Caffarena y Rafael León, entre otros. Para preservar ese exquisito legado cultural y estético, el Centro inició la publicación de colecciones poéticas -como la inicial El Castillo del Inglés- realizadas a mano según las pautas que utilizó el incansable Manuel Altolaguirre en su inspiradora y brillante tarea como editor e impresor.