El bululú (farsante que antiguamente representaba él solo una comedia mudando la voz según las personas que iban hablando) explora en las raíces del teatro medieval, manteniendo una simplicidad de elementos que potencian las posibilidades del gesto y la voz. La risa y la diversión son ingredientes fundamentales para captar la atención de los chicos y chicas. A las anécdotas de nuestro pícaro, ya de por sí divertidas, se le suma el saber hacer de un cómico con oficio y recursos suficientes para darles vida ante sus ojos. Al finalizar la función, tras conocer a Lázaro de Tormes en un viaje divertido y didáctico, mantendremos una charla-debate entre el público y actores para seguir indagando en la picaresca y en el teatro, es decir, en el mundo.