EDGAR NEVILLE: UNA VIDA AL SOL DE LA PANTALLA
-¿Es ud liberal o conservador?
- Estoy deseando hacerme conservador, en cuanto tenga algo que conservar.
(E. Neville, El Marqués de Salamanca)
-De eso nada, aquí lo dice muy claro: una vez seco el asfalto, abrir boquete.
(E.Neville, Mi calle)
La figura de Edgar Neville Romrée transita por la primera mitad del siglo XX en un desenvuelto maridaje
entre señorío y casticismo. Poseedor de un sentido del humor recordado por todos cuantos le trataron,
su naturalidad le permite ser un dandy sin afectación y un aficionado sin populachismo. Hizo algo tan mal
visto en este país como cultivar el humorismo y hacer como que trabajaba mientras repartía su combate
entre el aburrimiento y la gordura. Vendió
Aristócrata republicano, propagandista del bando nacional, novelista, diplomático, enamorado de los
toros y el flamenco, miembro del equipo español de hockey sobre hierba, cronista truncado de la Guerra
de África, taquillero en el Congreso de cante jondo de Granada que organizaron Falla y Federico, autor
teatral, dibujante, autor, fundador de revistas, cineasta, cultivador de un raro casticismo de intención
cosmopolita y pionero de los forasteros que se instalaron en la Costa del Sol.
Fue el faro que guió a Hollywood a un buen puñado de autores y actores españoles realizando versiones
en nuestro idioma para los primeros títulos del cine sonoro.
Allí hizo grandes amistades entre otros con Ch. Chaplin para cuyo film Luces de la ciudad rodó una
escena. Destacado en Washington atravesó el país para instalarse en California acompañado de su
esposa la malagueña Ángeles Rubio-Argüelles, madre de sus dos hijos Santiago y Rafael. Ésta era hija
de Carlota Alessandri y futura alma mater (ya consumada su separación) del teatro malagueño a través
de Teatro Ara (cuyo nombre correspondía a sus iniciales), del posterior Corral de Comedias de la misma
denominación y de las funciones clásicas en las noches estivales del Teatro Romano. Allí velarían sus
primeras armas escénicas, entre otros, Raúl Sender, Fiorella Faltoyano, María Barranco y otro español
que muchos años después seguiría los pasos de Neville cruzando, éste sí para triunfar con todas las de
la ley, Antonio Banderas.
Como cineasta es responsable de una joya rara que se adelantó a los cruces de géneros como es La
torre de los siete jorobados (1947) que con Domingo de Carnaval y El crimen de la calle de Bordadores
compone una trilogía nostálgica sobre el Madrid del principios del XX Gómez de la Serna con todo su
legado de barrios populares, sainetes, cafés cantantes y tertulias. Películas como La vida en un hilo
o El baile responden a una inquietud que conecta con las vanguardias teatrales del momento y sus
experimentos con el tiempo. En El Marqués de Salamanca rinde homenaje a aquel aventurero malagueño
del XIX que, entre intrigas y amoríos, sentó las bases del ferrocarril español y del ensanche de Madrid que
lleva su nombre y el popular Mercado próximo a Calle Ollerías. Duende y misterio del flamenco merece
mención aparte como documental rodado a contrapelo y en color por toda Andalucía principios de los
50. Apadrinó a jóvenes cineastas como Berlanga y Bardem, futuros visitantes de nuestra tierra, en la
película veraniega Novio a la vista.
En lo que hace a su narrativa hay que destacar las novelas Don Clorato de Potasa (1929) o Producciones
García en las que satiriza la sociedad de su tiempo y tendría que modificar para ediciones posteriores; en
ambas la imaginación, el antitradicionalismo y la ironía se conjugan para ofrecer una visión humanizadora
y esperanzada de la vida.
Algunas de sus principales contribuciones literarias (poesías y relatos) las realiza bajo la supervisión de
Ángel Caffarena en sus ediciones El Guadalhorce a cargo de los Andrade en la antigua Imprenta Sur en
las mismas maquinarias que trabajan hoy en la primera planta del centro Cultural Provincial.
Realiza numerosos viajes al Sur entre los que destacan los realizados durante el rodaje de Duende y
Misterio del Flamenco, que contiene un sobrecogedor baile de martinetes a cargo de Antonio al pie del
Tajo de Ronda- filmado como nunca lo ha sido- y otras filmaciones por nuestra provincia y las vecinas.
Decide instalarse aquí y en Marbella compra a Ricardo Soriano una casa a pie de playa que llamará
Malibú y donde monta un zoológico doméstico con perros, gatos, loros y un burro. Anima a sus amistades
a venirse a Málaga, ponderando las bondades del clima y sus gentes a sus amigos. Entre los primeros los
bailarines El Greco y Antonio le harán caso y a ellos les seguirán muchos más. Pocos años después de la
muerte de Neville, su compañera Conchita Montes venderá la casa Malibú al actor Sean Connery. Malibú
será derribada años después siendo todavía un caso subiudice dentro de esos trajines que malhayan.
En un país que se iba crispando por el enfrentamiento político, amigo de Federico y de Jardiel Poncela
como de tantos más, no tuvo nadie por más enemigo que a lo cursi, lo rancio y lo pretencioso.